• 93 285 92 92
  • info@monolitic.com

El IoT en la mejora de la calidad del aire

de nuestras escuelas y centros de trabajo

      ¿Somos conscientes de que la calidad del aire que respiramos puede llegar a afectar a nuestra capacidad cognitiva y rendimiento?

      No es una pregunta trivial...

      Es de dominio público que la contaminación del aire puede dar lugar a la aparición de determinadas enfermedades respiratorias. Ahora bien, lo que ya no es tan conocido es que ciertos elementos fuera de control pueden influir igualmente en el sistema nervioso conduciendo, además, a la reducción de nuestra capacidad cognitiva y, por tanto, a nuestro rendimiento.

      Es por ello por lo que en los últimos años hemos asistido a la aparición de múltiples estudios sobre la importancia de la calidad del aire en nuestros espacios de trabajo y escuelas. En ellos, se relaciona dicha calidad del aire, no sólo con el confort, sino con el rendimiento profesional y académico.
      Encontramos en estos estudios que los resultados de nuestros alumnos, desde la escuela hasta la universidad, están íntimamente ligados a la calidad del aire que respiran, tanto en la composición de partículas, CO2 o condiciones entálpicas.

      De acuerdo con un estudio realizado por la Asociación Española de Pediatría en Barcelona, cuanto menor era la tasa de dióxido de nitrógeno y carbono en el aire de los centros escolares, mejores resultados se obtuvieron, en cuanto a capacidad de atención y memoria, por parte del alumnado. En su forma básica, podemos medir niveles de concentración de CO y CO2, los cuales nos darán un valor ligado a la calidad del aire que respiramos y, consecuentemente, cómo se está viendo influida nuestra salud física y rendimiento mental.

      En otro estudio llevado a cabo por la Alianza de Salud y Medio Ambiente (HEAL) se realizó un análisis de las deficiencias en colegios de algunas ciudades europeas (Aire saludable, Niños más sanos). Se descubrió que, en Madrid, el nivel de NO2, dentro y fuera de las escuelas, así como la concentración de CO2, eran muy elevados. Se dispararon entonces las alarmas: era necesario mejorar los sistemas de ventilación en los centros escolares. 

      De acuerdo con otro estudio realizado por una importante firma norteamericana The COGfx, no sólo la función cognitiva de los ocupantes mejora significativamente, sino que se ve reducida en el entorno de un 30% la incidencia de enfermedades. 

      Contamos pues con dos variables que fuerzan la necesidad de aplicar inmediatamente soluciones de medida y control del aire que respiramos. A saber: (1) la merma en nuestra capacidad cognitiva en ambientes viciados y (2) la necesidad sanitaria de mantener el aire tan limpio como sea posible para evitar la transmisión de enfermedades (aspecto, este último, muy relevante en los tiempos que corren).



      Los compuestos de carbono son producidos por todos los seres vivos como consecuencia de la respiración. Pese a que no es la variable más precisa de medición de calidad del aire, gracias a la facilidad para tomar muestras, es una información ampliamente utilizada para conocer cuan viciado se encuentra el aire. También sirve como indicador estimativo de los niveles de ocupación en espacios interiores.

      No obstante, los compuestos de carbono no son las únicas sustancias que encontramos en el interior de nuestros edificios. Las sustancias volátiles también son producidas por gases o aerosoles, tales como productos de limpieza o desinfectantes. De la misma manera, este tipo de formaldehidos (COV) también son emitidos por mobiliario, paredes o alfombras, a pesar de que no podamos apreciarlo de una forma tan directa.

      Al objeto de evitar en la medida de lo posible concentraciones elevadas de todas estas sustancias tóxicas, debemos dotar a nuestros edificios, sea cual sea su tamaño (escuelas, supermercados o grandes oficinas) de aquellos dispositivos y soluciones tanto mecánicas como de regulación y control que nos permitan no solo medir, sino tomar decisiones en cuanto a la renovación del aire contaminado.

      Para conocer la calidad del aire que respiramos, utilizamos la variable de partículas en suspensión de la cantidad de material particulado (PM). Clasificándolas por su tamaño, encontraremos distintos equipos de medida haciendo referencia a partículas PM2.5, PM1.0 y PM10. 
      La medida de partículas procedentes de productos químicos o materiales resulta tecnológicamente más compleja que medidas de CO y CO2, bastante más sencillas y económicas de realizar.

      Por otra parte, y tal como reseñamos previamente, es vital no olvidar que las mediciones deben ir acompañadas de una adecuada estrategia de renovación no sólo responsable con la salud sino también con la gestión adecuada de la energía. Aparece por tanto otra variable determinante ligada a nuestra responsabilidad con el ecosistema: cómo introducir aire limpio sin verter al exterior toda la energía que hemos consumido en calentarlo o enfriarlo, manteniendo el compromiso de salubridad y confort en nuestros emplazamientos. 

      Vivimos tiempos convulsos, donde la pandemia provocada por SARS-CoV-2 nos está obligando a idear como mantener a raya las vías de contagio. Debido a ello, la situación internacional ha puesto de relieve la necesidad de desarrollar nuevas soluciones y tecnologías IoT que faciliten la gestión de espacios y ayuden a salvaguardar la distancia social, monitorizando la calidad del aire interior como medida de control de grupos.

      Ante esta situación, la única opción para mantener el aire que respiramos lo más puro posible consistirá en llevar a cabo la medición de las variables reseñadas y acompañarlas de sistemas de ventilación mecánica, filtración o radiación ultravioleta. Parece que esta última opción está tomando posiciones relevantes en la escena.

      Es precisamente en este sentido donde las Soluciones Globales de gestión energética y calidad de aire Bnergy pueden ayudarnos, no sólo a mantener unas condiciones adecuadas de salubridad, sino en justa concordancia con la energía consumida desarrollando las adecuadas estrategias de optimización. Ello implica que recomendemos que, junto a nuestros sistemas de medición y control, entren en juego, en la mayor medida en la que sea posible, sistemas de recuperación de calor/frío que nos permitan conseguir el equilibrio adecuado confort-energía-rendimiento humano.


      Solución de control de calidad de aire Monolitic basada en tecnología inalámbrica LoRa

      Especial cuidado debe tenerse con la idea de una solución sencilla que pasaría por la introducción de aire limpio del exterior. Los niveles de NO2 exteriores en muchas ciudades, podría resultar más dañinos que las concentraciones interiores por lo que debe incorporarse los sistemas de microfiltración oportunos.
      Desde Monolitic proveemos dispositivos y soluciones completas de control que supervisan simultáneamente distintas variables: VOC, CO2, temperatura y humedad, indicadores estos últimos de sensación térmica (entalpía) o confort.

      Es importante reseñar que los sistemas actuales disponibles en el mercado no permiten la medición específica de partículas SARS-CoV-2 (cuyo diámetro ronda el entorno de 5 µm). Afortunadamente, la medición de concentración de CO2 y su relación con el número de personas, acompañado de estrategias de distanciamiento social, nos permite generar estrategias de ventilación que eviten la permanencia de estos virus en el ambiente. 


      ¿Conoces nuestra nueva solución IoT para la
      gestión energética
      de edificios inteligentes?


       

      Noticias destacadas